#NuevaNormalidad: ¿De verdad que no lo sabíamos? ¡Basta de criminalizar a las personas que migran!

Algo no va bien cuando, para informar a la ciudadanía que 204 personas se han jugado la vida para poder continuarla en otro país, los titulares que el periodismo destaca, en sintonía con la manera de gestionar su situación a escala institucional, el tremendismo y la instrumentalización de a pandemia sirven para percibirlos como una amenaza.

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¿Cómo podemos desarticular la costumbre de explicar la realidad humana a través de lógicas burocráticas y contractuales, para entender el reto humano que suponen los movimientos migratorios y trabajar, de una vez por todas, para la urgente transformación social que ha de conducir a un planeta libre de abusos, violencias y explotaciones humanas y naturales? ¿Es que las instituciones no pueden repensar otro reparto de recursos o modificar su sistema de regularización para hacer frente a lo que ya sabemos hace tiempo, es una de las realidades más inhumanas con las que convivimos? ¿Es que los medios de comunicación sólo pueden acreditar estas informaciones a través de las fuentes institucionales?

Es verdad que transformar los imperativos políticos y económicos que estructuran las acciones institucionales, e incluso las de algunas ONGD, es una tarea difícil. No obstante, la inercia mediática sí que puede transformarse y narrar de otra manera. Toda una responsabilidad y una acción de voluntad.

No podemos narrar las vidas de las personas que migran sin conocer y hacer valer su contexto.

Sin haber explicado en qué situación se encuentran, ni en cuál situación se encontraban en las localidades de origen, identificar de manera constante a estas personas como inmigrantes irregulares, contribuye a una presunción de culpabilidad. Una presunción de culpabilidad que se puede paliar, al menos desde los relatos periodísticos, identificando a las personas que han llegado no sólo como argelinas, en este caso. Si no, identificando a estas personas como provenientes de una localidad de origen que no forma parte de un contrato político y económico que blinda su libre circulación, cometiendo así, sólo una infracción administrativa, no un delito. Una presunción de culpabilidad que se puede eliminar si no se despersonaliza su realidad, haciendo constar que son familias o personas que buscan soluciones de emergencia a su situación vital; o que provienen de localidades sistemáticamente explotadas por los países europeos -allí donde se dirigen-; o que están ejerciendo el derecho humano a la supervivencia o a la libre circulación. O simplemente, por si caemos en la tentación de pensar que queremos superar la presunción de culpabilidad inherente a los relatos serviles sirviéndonos de discursos o criterios demagógicos, nos podemos referir a estas personas a partir de la evidencia que no se explica: personas que no llegan de manera irregular, sino que llegan en condiciones infrahumanas e insalubres.

Lejos de eso, tanto el lenguaje institucional como el mediático siguen mal denominando esta realidad a favor de una retórica que incita a tremendismo, a percibir al otro como una amenaza, y al blanqueamiento de la acción institucional. Tildar la llegada de 204 personas como “oleadas”, “acontecimiento histórico” o como “fenómeno migratorio”, es faltar a la realidad. Puede ser sí que es la primera vez que es la primera vez que en una misma noche llegan tantas personas. Pero un hecho que se produce en 24 horas no es un fenómeno y menos cuando todos sabemos que el aumento progresivo de la llegada de personas en condiciones infrahumanas e insalubres. En todo caso, lo que sí es histórico, es la todavía falta de recursos y la criminalización de personas, como si fuera la primera vez que eso pasa, aquí y alrededor, y hacemos ver que no tenemos capacidad ni alertas de previsión.

La despersonalización de estas personas sólo hace referencia a barcos interceptados y al número de personas detenidas; el hecho que se ponga el acento a que se ha realizado una buena coordinación institucional que se ha permitido pagar las horas extras a los cuerpos de seguridad y a preparar dos carpas para su atención y acogida y subrayar que estas personas “serán entregadas a las ONGD para su custodia”, no habla mal ni de las políticas ni de los medios. En todo caso, habla mal de todos nosotros como personas que pertenecemos a una sociedad occidental y europea. Pone en evidencia cómo de interiorizado tenemos el discurso de que no todas las personas somos personas y que nuestra suerte depende, totalmente de tratados políticos y económicos desde los que poder desarrollar nuestras biografías e ideales. Pone en evidencia, pues, que hemos normalizado que hay quien se convierte en objeto de una manera lógica y natural a causa de estos tratados: por temas de irregularidad -no de conductas delictivas-.



¿Qué pensamos hacer al respecto?

Ojalá la coordinación de las instituciones competentes en la recepción de estas personas que han llegado de forma inhumana e insalubre pida el cumplimiento del compromiso político del 0,7% del PIB para destinar recursos a la cooperación.  Entonces mientras trabajamos para cambiar las estructuras, se podría hacer más para una correcta atención a las personas que migran, y más inversión en educación para transformar nuestras miradas. Ahora bien, hay una cuestión de responsabilidad ineludible. ¿Nos sumamos?

Exigimos el compromiso político a la cooperación

La #solidaridad, la #justicia y la #responsabilidad nos definen como seres humanos. Por lo tanto, las políticas públicas deben dar prioridad a las necesidades de los colectivos más vulnerados.

🌎 🌍🌏Cooperar es no dejar a nadie atrás!

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Cooperar, la nueva normalidad

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