OPINIÓN CRÍTICA: #Covid19, PRIVACIDAD y CIUDADANÍA: La tecnología no nos salvará

Las crisis suelen ser aprovechadas por los organismos de poder para adquirir más poder.

Hoy, quien tiene el poder son los poseedores de los datos.

En estas falsas democracias supeditadas al sistema económico que, por cierto, va camino del colapso, ya no son los estados quiénes tienen poder. Basta con ver quiénes están saliendo favorecidos en esta crisis global: empresas como Amazon, Netflix, Google o Apple (todas multinacionales) cuyo valor son los datos.


La industria de la información y del tratamiento de estos datos -Big-Data- lo sabe todo de todas y cada una de las personas. Con todo, nos referimos a todo: comportamientos individuales y colectivos; qué nos gusta, por dónde nos movemos, cómo vivimos; qué patrones de consumo tenemos, cuántos pasos caminamos al día e, incluso, nuestro ritmo cardíaco. Para esta industria no es nada complicado predecir comportamientos pues, en realidad, esas predicciones están basadas en los datos que llevamos proporcionándoles de forma gratuita y global en las últimas décadas gracias a nuestras prácticas de consumo y acceso digital.


Hoy, nos encontramos en un contexto global de privación de libertad de movimientos por tener que estar en estado de confinamiento en nuestras viviendas -quién disponga de ellas, claro-. En un estado de incertidumbre vital que nos afecta mucho más de lo que creemos. En espacial, a los colectivos históricamente vulnerados por cuestión de origen, cultura, sexo, clase, etc. Ante esta tesitura, agotados psicológicamente y con el bombardeo masivo en los medios, imaginemos que nos ofrecieran más libertad de movimientos a cambio de nuestra privacidad. Poder volver a las calles a condición de ceder aún más nuestros datos ¿lo asumiríamos?

Pues, aunque no está definido todavía qué datos y qué uso se les va a dar, es lo que está ocurriendo y lo que están planteando algunos estados para «salvar» la economía. El desarrollo de una aplicación para realizar y naturalizar un control social. Existe tanto la tecnología como la voluntad política para desarrollar una herramienta «COVID19 APP» que contribuya a la gestión y resolución de la pandemia. De hecho el 28 de marzo de 2020 se publicó en el BOE la ley que recoge la necesidad urgente del desarrollo de la aplicación. Pero la tecnología NO nos salvará.


Es innegable que la tecnología, como siempre ha defendido Ingeniería Sin Fronteras, debe estar al servicio del desarrollo humano. En ella, debemos aplicar criterios éticos, sociales y de defensa de los derechos humanos (como la privacidad) pero, sobre todo, reclamar que este desarrollo informático sea auditable, abierto, libre y seguro, para saber qué datos almacena, cómo los gestiona y qué decisiones toma en base a los datos recogidos. De lo contrario, supondría una flagrante vulneración al derecho de la privacidad. Debemos asegurar este derecho defendiendo, así mismo, una soberanía tecnológica que reclame un uso racional y ético de la tecnología poniendola en el centro de la vida y de las personas.

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