Temas: racialización, responabilidad social, derechos humanos, teorías de la representación

Durante el 2015 esta imagen se propagó por las calles y transportes públicos de Vitoria-Gasteiz, por iniciativa de la Diputación de la ciudad. Tal como recoge el periódico El Correo el diputado general de Álava, Javier de Andrés, y la diputada foral de Servicios Sociales, Marta Alaña, presentaron la campaña ‘Cero Tolerancia’ con el objetivo de sensibilizar a la sociedad hacia los derechos humanos y reafirmar los valores democráticos. Javier de Andrés declaró que pretendían «despertar conciencias porque la sociedad debe entender que cada vez que hacemos una concesión, cada vez que mostramos una debilidad ante comportamientos fanáticos, violentos o excluyentes estamos debilitando los pilares de nuestra democracia».

Ahora bien, a pesar de que es incuestionable que debemos proliferar este tipo de acciones, y celebrando la buena voluntad con la que se ha llevado a cabo la iniciativa, debemos interrogarnos sobre si tenemos la capacidad o si disponemos de las herramientas críticas necesarias para que, a parte de oportuno, el mensaje y la acción sean efectivas y propicien el cambio social.

¿Somos una sociedad que entiende en su complejidad los conceptos de discriminación y vulneración de los DDHH, y que sabe explicarlos?; ¿Podemos elaborar un discurso contra la injusticia y el empobrecimiento sin caer en la discriminación de racialización, clase o género, que tan naturalizada tenemos a la hora de identificar la vulneración de los DDHH?; O por el contrario, ¿Somos presa del sensacionalismo?

Para responder a estas cuestiones, proponemos analizar las imágenes propuestas en el cartel. Cartel que, para detectar algunas de las injusticias sociales de mayor relevancia global, ha confeccionado un collage con imágenes que pretenden ilustrar y mejorar los casos que denuncia. Vamos pues, a analizar las imágenes.

Frente al fanatismo:

En esta imagen, para denunciar el fanatismo religioso, éste, se ejemplifica con imposición del burka a las mujeres. Para mejorar la situación, observamos la imagen de Malala, que lleva un Hyjab -y no un Burka, cosas totalmente diferentes-, en una acción por la que parece que va a descubrirse la cabeza. El uso de este ejemplo y de la elección de estas imágenes nos parece inapropiado por dos motivos.

Por un lado, pareciera que el único tipo de fanatismo es el radicalismo religioso islámico, pero ¿acaso la evangelización en sus tiempos, y hoy el fútbol o el partidismo no generan fanatismos?

Por otro lado, mezclar en un mismo mensaje la imposición del Burka como el máximo ejemplo de fanatismo, con la laxitud que se le supone a la activista de los derechos derechos humanos en esta imagen, confunde la finalidad de ambos atuendos. Mientra que el Burka sí es realmente una imposición machista, llevar el Hyjab es una elección de carácter religioso y devoto. ¿Puede mezclarse para denunciar el fanatismo? ¿no podríamos haber contestado la imagen del Burka con la de otra mujer con cualquier otro atuendo?

Así pues, creemos que, de un modo oportunista, la propuesta instrumentaliza la islamofobia de género para condenar uno de los fanatismos que la cultura del miedo reconoce como el más peligroso: el Islam. Pero recordemos que ya desde un principio, ejemplificar el fanatismo con la cultura musulmana, es un prejuicio en sí mismo.

Sólo por poner algunos ejemplos sobre cómo se podría haber ejemplificado el fanatismo, prestemos atención a estos datos:

  • Un análisis dirigido por CNN Tech y realizado por la firma de medios sociales Socialbakers estima que a Donald Trump lo siguen unos 60 millones de personas reales.

  • En España, miles de personas profesan cultos catalogados como “sectas”

  • Aficionados al fútbol se concentran para librar batallas campales frente a sus rivales antes de ir a ver a sus equipos.

Frente a la violencia machista:

Otra de las injusticias globales es la violencia machista. Una violencia que no sólo se define por un daño físico -llegando al asesinato o la violación- sino que se diluye en todos los aspectos de la cotidianidad. No obstante, una de las retóricas en la que casi todas las campañas de prevención caen, incluyendo la que analizamos, es que sólo identificamos violencia machista como la agresión física sin denunciar, por ejemplo, que los casos de maltrato psicológico, sexual, patrimonial, económico y simbólico. Por otro lado, en estas campañas, se suele poner el foco nada más que en la mujer, olvidándose del agresor y su culpabilidad.

Finalmente, es importante recordar que la cultura del morbo y el sensacionalismo no es necesaria para reflejar las problemáticas de ningún tipo.

En este sentido, proponemos campañas como las siguientes, que creemos son más oportunas y dan una imagen más compleja de lo que son y significan las violencias machistas:

Frente a la homofobia:

En esta ocasión, para denunciar la homofobia, que también es una injusticia global, vemos que nuevamente la campaña contextualiza esta vulneración de los derechos humanos en países lejanos.

En España, el observatorio madrileño contra la LGTBIfobia (http://contraelodio.org) ha registrado en 2017 un total de 287 incidentes homófobos en la Comunidad de Madrid, aunque se supone que la mayoría de los casos no se denuncian por miedo a las represalias de los agresores y por la desconfianza en que el sistema realmente los defienda. Frente a estos datos, nos preguntamos. ¿Por qué una campaña de prevención nacional no escoge ejemplificar la homofobia en España, dónde colectivo LGTIBQ es agredido diariamente?; ¿Por qué no han puesto una imagen ambientada por ejemplo, en una calle de Madrid? Sin embargo, para transmitir un mensaje de tolerancia, sí se escoge representar a una pareja gay de mediana edad, blanca, representativa de un poder económico medio-alto…propio de un país occidental.

Observamos, pues, que en esta denuncia se cae en una postura dicotómica que parte de una posición clasista y normativizada, como sociedad, aún nos cuesta abrirnos a convivir o reflejar como “cotidiano” la diversidad sexual.

¿Qué pasa cuando nos salimos de la “norma social”? Reflexionemos sobre las sensaciones que hubiéramos tenido si en la imagen de la derecha, en vez de la que se ha escojido, hubieramos representado a una pareja:

  • lesbiana o trans,

  • interracial

  • de clase baja

  • mayor a 50 años o, por el contrario, adolescente

Frente a la mutilación genital femenina (MGF):

Ante la denuncia de la Mutilación Genital Femenina, la propuesta de esta campaña resulta, como mínimo, desconcertante. Cuesta ver el vínculo entre acceder a nuevas tecnologías y la erradicación de la MGF. ¿Acaso un aparato electrónico libra a las niñas de países de África y Asia de esta práctica?; ¿Acaso nos hace suponer que las niñas que han sido mutiladas no tendrán nunca acceso a la educación? ¿No será, más bien, que cayendo en una mirada genuinamente occidental, la imagen identifica la idea de felicidad con el acceso a las teconolgías o la cultura del consumo?

La principal herramienta con la que actualmente diferentes ONG están luchando basan su trabajo en la concienciación de las familias, la educación y protección de las niñas y el desarrollo de emprendimientos que empoderen económicamente a las mujeres, tales como los de elaboración de artesanías, ropa o el cultivo de tierras. Existen programas específicos dirigidos especialmente a aquellas que realizan ablaciones como trabajo y que tras tomar conciencia deciden abandonar la práctica.

Otra vez más, la contraposición dicotómica que quiere mostrar el horror con la cara más cruda y agresiva, y la superación de esta práctica con una imagen que occidentaliza la realidad de estas niñas, resulta totalmente inoportuna.

Es indispensable el compromiso activo de todos los países, ya que en la actualidad muchas niñas migrantes realizan sus vacaciones de verano en sus comunidades de origen, donde se aprovecha la ocasión para proceder a la ablación. La penalización en el país de residencia no hace más que revictimizarlas.

https://elpais.com/especiales/2016/planeta-futuro/mutilacion-genital-femenina/

Frente al maltrato:

En este apartado se propone la resolución a una injusticia social más que necesaria: el abuso a las personas mayores, quienes están aisladas del sistema capitalista que fomenta la juventud eterna, y que es prácticamente un tema tabú que se da dentro del núcleo familiar. Para la revalorización de nuestra cultura, es indispensable la recuperación del respeto hacia estas generaciones. Estamos en un país donde convivimos con 8,7 millones de mayores de 65 años, lo que representa el 19% de la población española.

Pero alerta, porque para realizar esta denuncia, las imágenes escogidas no resultan muy oportunas. Por un lado caen en la naturalización de que la responsabilidad del cuidado familiar es cosa de mujeres. Por el otro, las culpabiliza, precisamente, por este proceso de naturalización. Así pues, sobres las mujeres recae una doble ‘condena’. Y debemos tener en cuenta que el maltrato a los mayores, aparte de poder ser perpetrado por cualquier miembro de la familia, es más un mal social que no familiar.

Conclusión:

Después de analizar fotografía por fotografía, y aún sintiendo que nos dejamos incertidumbres en el tintero, deberíamos preguntarnos si las imagenes que elegimos para representar la sociedad en la que vivimos son las más oportunas y estan libres de un proceso de estigmatización histórico.

Sin pretenderlo, la exposición de estas imágenes como “ejemplos” no hace más que incrementar la brecha cultural y fomentar los mitos racistas. Al mismo tiempo, no permite desarrollar la capacidad de autocrítica de nuestra sociedad. Si no somos capaces de repensar ni de debatir sobre nuestros actitudes frente a las demás personas, ¿cómo podremos evolucionar como humanidad?

Déjenos apuntar, además, que con respecto a la representación de las mujeres, debemos tener especial cuidado. No podemos permitir la elaboración de campañas en que se estigmatice a las mujeres que pertenecen a otras culturas o tradiciones que no sean las ‘occidentalizadas’. Se deben tener en cuenta que estas mujeres, a las que tendimos a racializar, aspects tales como el de las violencias machistas, el higiénco sanitario, el económico, y el de su sororidad y apoyo, se viven y resuelven de otros modos.

Si dedicamos tiempo a obtener una comprensión del sentido de la dignidad y de la funcionalidad de los DDHH, nos permitiremos elegir qué persona queremos ser, alejándonos del morbo, el dogma y el sensacionalismo que profundizan aún más la cultura del miedo y los mitos en torno al crisol de cultural que es este planeta.

Fuentes:

  • Burke, Samuel (17 de junio de 2017) ¿Cuántos seguidores en redes sociales tiene Trump en realidad? Recuperado de https://cnnespanol.cnn.com/